jueves, 19 de abril de 2007

DESARROLLO, POBREZA y JUVENTUD




Más de 200 millones de jóvenes en todo el mundo viven con menos de un dólar al día, 130 millones son analfabetos, 88 millones están desempleados y más de diez millones son portadores del VIH. Estas son las escalofriantes cifras que desvela el último informe del Banco Mundial (BM), Informe sobre el Desarrollo Mundial 2007: El desarrollo y la próxima generación.


"Durante las últimas décadas, la teoría y la práctica del desarrollo se han centrado en la niñez, sin prestarle demasiada atención a los jóvenes. Sin embargo, del modo en que estos sobrelleven su transición a la madurez depende su propio bienestar y el de generaciones posteriores", explica el primer vicepresidente del BM, François Bourguignon. Las decisiones que tomen los jóvenes de hoy repercutirán en el modo de desarrollo mundial. Los comportamientos de la juventud son fundamentales para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como la equidad de género, la mejora en la salud, el descenso de mortalidad materna e infantil o el retroceso del sida.
Millones de jóvenes de hoy se han beneficiado del esfuerzo de los gobiernos y administraciones para mejorar la calidad de vida de los niños: educación primaria, mejor alimentación y un historial más corto de enfermedades. Sin embargo, la sociedad no se ha ocupado de sus necesidades como jóvenes y tampoco de ayudarles a cumplir sus expectativas para no caer en la frustración. Hoy es necesario un mejor y mayor acceso a la enseñanza secundaria o superior, más maestros de este nivel escolar, más servicios de salud reproductiva y un mercado laboral más dinámico que permita que estos jóvenes puedan encontrar un empleo digno. "Canalizar las frustraciones de los jóvenes es fundamental para alejarlos del crimen y conductas violentas y dirigirles hacia otras empresas que fortalezcan de estabilidad y crecimiento de una comunidad en desarrollo", advierte el informe.
En la actualidad, hay 1,5 mil millones de jóvenes en el mundo, 1,3 mil millones viven en países en desarrollo. Los jóvenes suponen un 23,5% de la población mundial y habrá que esperar al año 2030 para que su número se reduzca en un 3%. Es fundamental que los países en desarrollo sigan haciendo un esfuerzo en la formación y la mejora en la calidad de estos jóvenes. De este modo se abre una vía para salir en la pobreza.
Este mismo informe alerta que la pobreza sigue azotando a muchos países en vías de desarrollo. El Banco Mundial augura que en diez años el número de personas que vivirá con menos de un dólar diario al día aumentará en 100 millones y que en 2015, 40 millones vivirán en la pobreza extrema. A pesar de ello, Naciones Unidas ofrece un punto de esperanza: hoy la cifra de personas que viven con menos de un euro al día se ha reducido al 19% de la población mundial. En el año 2000, cuando se firmaron los ODM en la Cumbre del Milenio en Nueva York, esa cifra era del 26% de la población.
Los países Latinoamericanos son los que más preocupan al BM. La vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe afirmaba hace unos días que "el comportamiento de la economía latinoamericana en las últimas década ha sido decepcionante y la región se ha quedado atrás en comparación con las economías más dinámicas de Asia, como China". La pobreza es, según este organismo, lo que está entorpeciendo el crecimiento de la región. Si el nivel de pobreza se redujese tan sólo un 10% y todos los demás siguieran como en la actualidad, el crecimiento económico de Latinoamérica aumentaría un 1%.
Luchar contra la pobreza, además, no sólo es positivo para la economía también para la sociedad. El Banco Mundial propone que una estrategia de lucha contra la pobreza debería ir dirigida a mejorar la calidad de la educación, ampliar la cobertura en los niveles secundarios y superiores, impulsar inversiones en infraestructura para beneficiar a las regiones menos desarrolladas y mejorar y aumentar el acceso de los más débiles a los servicios públicos. Así, hay que exigir a los gobiernos de los países empobrecidos que el gasto público vaya dirigido a mejorar sus políticas sociales en vez de gastar los recursos en subsidios dirigidos a las clases acomodadas. Los Estados deberían ser agentes comprometidos con la igualdad de oportunidades y la redistribución de la riqueza para reducir las desigualdades y la pobreza. Como decía Adam Smith, "no puede existir una sociedad feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres".* Centro de Colaboraciones SolidariasPublicado por Adital



Fuente:Adital - Por Ana Muñoz (CCS/España) Periodista amunoz@solidarios.org.es

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